Concepción posracionalista de la educación| Mail: eohqfb@yahoo.com.mx



Prólogo a la actividad de escribir sustancias en las páginas Web de la Coordinación de Innovación Educativa 

Eduardo Ochoa Hernández
CIE/QFB/UMSNH, Morelia, Michoacán. México

Agosto 19, 2012

 

 

 

Hace falta el talento del literato para que noveles vuelvan a soñarse

 

 

Escribir en la universidad, es descubrir que la libertad de cátedra no es un derecho fácil de ejercer, el talento que hace ver a la gramática como instrumento y no una ley creativa, es necesario.  Escribir para Usted, nos es una mezcla compleja de sentimientos, combatimos el texto utilitario y promovemos el literario, encontramos en el primero, la ausencia de palabras en el silencio absoluto de la simulación, incapaz de actuar en la educación superior. Escribimos como quien resiste a las políticas de ser servidumbre de la autoridad, para no ser un recibo por firmar. En el segundo, la concepción del lenguaje da forma a algo vivo que no obliga a la realidad a ser algo estático, sino la profundiza en sus representaciones grandes o pequeñas en la condición humana. No lo dejemos morir, porque lo que muere, son nuestros sueños.

Hay literatura más real que los textos acuchillados, plagiados y cortados y pegados tantas veces, que su ritmo monótono duerme al estudiante universitario. Tantas oraciones que reflejan la personalidad única de los profesores, brillan en su ausencia en estos textos claramente perfilados a ser olvidados y solo leídos por la fuerza de una calificación. Cuando un texto no gana en la sociedad el sonido y alma, el único destino es no tener un lugar en los sueños de los noveles. Incomunicables textos, me angustia hablar de ellos, las palabras para mí son como los caracoles de Octavio Paz, aquellos ritmos de nuestra cultura sensual y real, actos mentales que sus ritmos verbales encierran la vida misma de quien escribe, es decir, de quien vive. La literatura es la vida en reflexión plena, vivirla como profesor escritor universitario, es una experiencia sin duda no lucrativa y sí de mucha satisfacción espiritual, con ella puedo sentir exactamente lo que sentí en el mismo acto de la poiesis, fuera de ella está la prisa de las becas al desempeño académico, de la producción a ligereza, de la impaciencia por esperar los tiempos del talento.

Los profesores de la ilustración, los creadores de la universidad y su libertad de cátedra, fueron más genios  en los sueños que inspiraron e inspiran, y menos burócratas del mal llamado proceso de acreditación. Hay más calidad en la libertad de cátedra y sus procesos creativos, que en las formas mecanicistas utilitarias y coercitivas de los criterios de calidad adoptados en México.  La acreditación seguro inhibirá las frases que nunca escribirá el profesor universitario, palabras a palabras, tramas y cuerpos de texto, fluirán y fluirán como ríos sordos al talento,  un viento que lleva a la deriva, que no siembra semilla, que apaga las revoluciones y que duerme el arte de las nuevas generaciones.

Cada pensamiento que abre la imaginación a los límites que permiten crear la realidad, es la promesa que nacerá un joven universitario que tendrá algo importante qué decir al mundo. Es el principio para que frases originales surjan de la actividad de aprendizaje de los estudiantes, errores seguramente habrá muchos, pero no el peor de ellos, la simulación de producir un texto en un cortar y pegar, que degrada al ser humano, hasta el hecho de dudar de su propio valor de existencia. Pero un profesor que no escribe, no puede por falta de talento y experiencia guiar la composición de nuevo conocimiento, esta tesis, es muy atacada, bajo el argumento que no hay profesores escritores, sin embargo, nunca los habrá, si no les damos la oportunidad de existir dignamente en las universidades.

La soledad de un profesor escritor, es compensada en el aula abierta y democratizadora de la crítica de su actividad sobre Internet, mediante la publicación de su propuesta, derrumba los muros del aula clásica, se abre a la competencia internacional, expone la soberanía con la que su sociedad habla al mundo y es pasado por la aduana pública de ser leído o no.  Al escribir, el profesor liga su propuesta a un instrumento literario, que suspendida en el aire de su actividad docente, amenaza con evaporarse al irse eventualmente del mundo de los vivos.

Siempre es válido desconfiar de la moderna red de Internet, pero es innegable el hecho que permite comunicaciones sin intermediarios, superando geografías y tiempos horarios,  es la capa más superficial de sus posibilidades.  Internet como espacio literario, se trasforma de ser una nube gris, en un arcoíris que ilumina las nuevas trasformaciones de la juventud, su propio pensamiento y emoción se oyen con su propio espíritu; tan fuerte que pueden hacer tambalear un Estado-nación, cuando este pierde por egoísmo su función con la sociedad. Se trata de una lenta conquista que lejos de callar al pensamiento revolucionario del siglo XXI,  materializa su presencia, con textos que inundando la red, sortean todo intento de censura.

Nunca ocultamos nada, ni siquiera nuestros experimentos literarios, mucho menos a nuestra crítica. Nunca colocamos la última frase intentando cerrar un texto, para impedir que el espíritu melancólico de los bohemios puedan hacer prisioneras las ideas y dejarlas como dogma en el discurso del aula por siempre.

Lo que nos mueve a escribir, es el impulso explorador, en la mente tenemos que procesar lo que nuestro espíritu revela de la realidad, sin contar los muchos demonios que hacen crisis cuando vivimos teoría.  Por lo general, documentamos nuestras razones, es ver con muchos ojos ajenos, escribimos con lentitud de quien abandona la sensación del paso del tiempo, en muchas madrugadas, cuando damos vida a los escritos, y las sabanas de la cama ya no nos extrañan para soñar, ocurre la metamorfosis, inferencias  y sus partículas discursivas nos enfrentan contra nuevos desafíos cognitivos, el camino se hace perplejo. Ya por la mañana, una vez que el cuerpo recuperado y sacudido de su torpeza de ser recién nacido al mundo; revisa y reescribe  para apuntalar bien las ideas; sentir todo esto en cada texto nuevo, nos llena de preguntas, entre ellas, ¿vamos por un buen camino?  Ya en la cotidianeidad de un día de esos de 14 h en la universidad, una soledad nos invade ante la realidad de que la contracultura está institucionalizada en la educación superior; se supone que deben promover los valores intelectuales, el valor literario, humanista y científico.  Para nosotros la literatura y no el texto utilitario es el mejor camino para formar seres solidarios y orgullosos de vivir conscientemente. Al leer una basta  y diversa literatura, buscamos un proceso benigno y virtuoso para ser mejores seres humanos.  Lo cruel es que este camino nos trae fuertes censuras y descalificaciones de los protocientíficos,  que argumentan que leer y escribir es una tarea anticuada, fácil y simuladora de hacer ciencia. Para estos no nacidos a la ciencia, procesar datos y generarlos en sofisticados instrumentos tecnológicos, ignorando toda composición teórica, es hacer ciencia.

Es difícil sufrir la sombría persecución por nuestra desesperada defensa de la ciencia, la literatura de ficción, la poesía, la matemática… como un todo integrado al discurso de formación de las nuevas generaciones. Las obras de literatura original son luz digna  para el pensamiento, por promoverlas ya no nos permiten formar parte de academias, consejos académicos y se nos margina, proponiendo para nosotros un juicio público donde se nos considere locos.  El reconocimiento, ha venido de organismos en el extranjero, como el CSIC de España, y de lectores, estos últimos nos honran con más  de 15 mil consultas cada 24 horas sobre Internet www.cie.umich.mx. Para publicar un libro en nuestra universidad, me refiero a los de papel, los criterios lejos de ser literarios y científicos, dependen de los caprichos de los del poder administrativo, sus condiciones son por lo general, colocarlos como coautores, en páginas de agradecimiento humillantes, eslogan políticos y otros simbolismos hasta electoreros también son condición necesaria para recibir apoyo. Se olvidan que los libros no son personas, son los medios para serlo. Si bien las palabras son la esencia de nuestro humilde oficio, también la causa de que nos hagan sentir todo el poder del autoritarismo disfrazado de legalidad.  Debo reconocer, sin embargo, que hasta este momento  nuestra universidad tiene un poco más de libertad que muchas otras, este texto es prueba de ello.

 

Es muy necesario llevar a las palabras al eje central de la producción simbólica de la libertad de cátedra, si bien el hombre no vive en los libros para educar, son perfectas para hacer desnuda la timidez frente a los retos de la originalidad en el conocimiento, exigidos por la economía y por la democracia moderna. Permítanse acercarse al oficio de la palabra con respeto, no con sumisión; con esfuerzo y perseverancia donde nuestras limitaciones intelectuales son el pretexto perfecto para que surjan nuestros talentos. Nuestros hábitos mentales se verán modificados sustancialmente al paso de la lectura y la escritura.  Esta propuesta contrasta con las formas vulgares de diapositivas de un cortar y pegar que tienen como propósito transmitir información y no experiencias de conocimiento. No proponemos adorar a los libros, sino vivir en una lucha crítica, estética  y humanista acompañados por ellos.

 

El cómo hemos vivido la escritura

De noche o de día, el viento recorre con letras viejas  la ilusión de un océano que se retira y se acerca resolviendo mi propio misterio. Escribir en lo infinito de la diversidad de la realidad, tiene como navío la seducción de la propia vida. Cuando la conciencia es como cuchillo de doble filo, capaz de cortar la resistencia a nuestra facultad de explorar y al mismo tiempo,  provocar grandes esfuerzos para abolir  el mito de vivir sin estilo. Estar fracturado de las modas que cifran al lenguaje en monótono fruto creativo, es narrar dentro del misterio de la vida, uno sin camino preseñalado, aquel donde la vía de semejanza unidad a unidad nos permite llegar a la otra orilla, ayudar a descubrir nuevas ramas del árbol de las posibilidades humanas, un salto a lo desconocido, renaciendo entre las lágrimas  de la noche  y la promesa de un nuevo día.

Grandes gigantes de la literatura, esos que rompieron las cadenas de su propia época, de miradas agudas y de corazón de titán de la vida; al leerlos no buscamos meras ideas nuevas, sino con vida prestada vivir entre página y página, entre texto y texto, la paz y el temblor de estar en esta realidad.  La literatura tiene tantas vidas que ofrecernos, que es increíble cuando sentimos al terminar de leer, lo que sucedió y que fui testigo con otros ojos, en lugares y tiempos muy distintos al propio, semejanzas, producto de la ficción de lo que a una persona le puede suceder, metáfora de una seriedad de una historia real o de imaginación pura, que nos recuerda que la memoria humana y la experiencia no tienen como límite los candados de la propia realidad que vincula nuestros cuerpos, de modo que estas imaginaciones  formarán parte de  nuestra propia personalidad. 

Tengo que escribir para vivir, lograrlo no es sencillo, no hay reglas y a veces es fácil perderse, es perforar la realidad  e inventar nuevas, después de una jornada en la que la técnica no escucha al corazón, el ensayo extenso me enseñó, que hasta que empiezas a escribir al día siguiente,  la inspiración hay que alimentarla y dejarla fluir para que descubramos otras muchas,  musas y poesía, científicos y razones,  lecturas de los no vivos, pero con existencia maravillosa. Entre escribir y vivir no hemos encontrado  hasta hoy que se trate de algo muy distinto. En ocasiones, soy más grande que la página en la que escribo, en otras soy más pequeño que un torrente de lágrimas de las ausencias, de esas que ponen al alma a prueba en la soledad más inmensa.  Entre mis demonios y mis narrativas, hay tanto en común, uno es el fuego y otro el medio por el cual yo te cuento.

Una vida sin conflictos no la puede vivir un escriba enamorado de la narrativa, tengo la impresión que  en una canción y sus letras, o un texto de protesta en un barrio pobre y en desesperada barda como lienzo de los sin esperanza, son la misma pasión que no guarda silencio ante la indiferencia de aquellos que acumular dinero como un deporte  cuya biografía siempre se escribe con amateurismo, es decir, un ser humano siempre amateur de la vida. 

 

Escribir en la Nicolaita

Escribir en la universidad, es más importante cuando descubro la literatura como exploración de la consciencia humana. Escribí en un principio sobre lo que humildemente sé, después amplié mi comunicación cuando introduje la investigación documental y la filosofía en el análisis de mis argumentos. En estos años desde 1997 a 2012, la autocensura en lo que escribo se ha hecho parte de mi oficio, el texto original solo lo pude escribir en el rigor de la conciencia trabajada entre palabras y palabras, entre autores y  obras  hasta lograr que produzcan un modo de sorpresa para mí. Me he preguntado muchas veces qué es el acto de escribir; me respondo algo así: más que la crítica, el entretenimiento, la profesión,… es tocar las fronteras de mi propia visión y sensación de la realidad,  sin saber la influencia de la literatura  que me arrojó a ella, ese paso me invita a escribir lo que mi espíritu eligió leer en libertad plena, apetito original de la voluntad de saber y de experimentar los más maravillosos sentimientos del paisaje de la civilización: la literatura.

Cuando comencé a escribir, los textos fueron publicados en la Internet, sin darme cuenta los lectores nos honraban con su presencia, en el primer año unos cincuenta mil, ahora en solo un día, en promedio consultan nuestros textos unos 15 mil lectores. Reflexionando de alguna manera, siempre creí en un mundo de lectores interesados  en la obra de la imaginación literaria. Yahoo y luego Google, fueron introduciendo criterios sobre la visibilidad electrónica de textos cada vez más  correlacionados con las variables de originalidad literaria, actualidad e impacto.  La literatura no le teme a la Internet  ni a las nuevas tecnologías de redes sociales, en contra sentido, está ocurriendo que las ciudades de las palabras también tienen un lugar simbólico en Internet.  Nuestra apuesta  a ser escritor solo dentro del tejido digital, ha traído su recompensa y con esta más responsabilidades sobre nuestra tarea apasionante de escribir. Si un escritor no siente su pulsión a vivir el experimento social del texto en Internet, nunca sabrá que es una forma de tener lectores que justificarán que la poesía, la literatura, la ciencia y la técnica como conocimiento, forjarán un nuevo poder, entre todos seremos mejores humanos. Una vez que el texto está escrito, vuela en el tejido digital, intentando encontrarse con la crítica y el placer, pienso entonces, volveré como héroe al vientre del discurso escrito, para reinventarme en la fractura incesante de mi conciencia.

Escribí para ganarme la comida, sí es verdad; escribí para vivir, sí es verdad; la urgencia de escribir en la retina de una musa, sí es verdad;  escribir es un riesgo al escandalizar al moralista del poder, sí es verdad;  cicatrices en todo mi cuerpo y alma son testigos de que mi inspiración por la libertad creativa, es imaginación y vocación en el filo del horizonte de un mar de textos con su propio y original corazón.

No soy un escritor tolerante  de ver con ojos ajenos, me exijo que los míos  aprendan en su propio camino a ver cada rincón de la realidad, visión distinta pero tan necesaria para este oficio de escribir. La gente que me visita en la oficina del aula digital de la universidad, muchas veces me dice: “¡no te cansas de estar solo!”. Contesto, -¿solo?, cuando tantas voces de tantos escritores me hablan en estos libros, cuando estas computadoras y servidores registran que en este momento, muchos acompañan mis textos en Internet. Agrego comúnmente   - privilegiado soy de tener tantos jóvenes preparándose al consultar los libros del aula, los acervos de la biblioteca digital, procesando datos y preparando innumerable cantidad de textos. Supongo que la mayoría lee en el aula convencional, reflexiona y vive el conocimiento; ¡qué gran ficción! Leer por placer, curiosidad y con ganas de explorar, lo puedo ver en el aula digital, y tan ausentes en el aula convencional.

No existe razón alguna para no vivir y hacer literatura en la universidad, la contracultura institucional pretende que sea algo en desuso; no es algo exótico, debería ser lo sustantivo.  

 

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